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miércoles, 13 de febrero de 2013

Toscana

El estío cae abrasador sobre los campos sembrados, aplastando todo pensamiento con su imagen adormecedora. El cuadro es quietud, nada se mueve, todos los seres se refugian del calor bajo las sombras de algún que otro porche oportuno. El silencio de los patios empedrados es únicamente alterado por el pausado sonido de una fuente pequeña. En los mudos olivares suenan las cigarras brillantes bajo este día de sol.

Las casas de piedra están cubiertas de enredaderas floridas. La pintura de color verde oscuro de los postigos está desconchada, dejando ver resquicios de el color viejo de la madera. En el porche, ahora no hay ninguna anciana, la mecedora está inmóvil.

En la colina que hay cerca del pueblo hay un mirador. Un valiente está sentado en un banco de piedra protegido del sol por la sombra de las hojas oscuras del árbol que crece por encima de él. Tiene el rostro ligeramente tostado y los ojos entrecerrados con una manzana en la mano sin terminar. Se limpia el sudor de la frente con un pañuelo y vuelve a sumergirse en su siesta pasiva.

A lo lejos, en el silencio del mediodía, se puede escuchar el sonido emitido por los platos sucios y vacíos, con la gran musicalidad de personas llenas de comida que se entregan al calor del verano para descansar.

Los campos sembrados son silencio estival.

domingo, 10 de febrero de 2013

Vidrio roto.

Se estaba mirando al espejo cuando, por accidente, se cortó con su reflejo.

Otoño atrapa mi mirada.

Una bruma casi transparente cubre y recubre el paisaje.
Los violines acompañan esta ocasión

Los árboles se emborronan con la tinta de otoño
en el lienzo del espectáculo blanquecino.

El cielo está todo cubierto
con nubes tan blancas y omnipotentes.

A lo lejos, una brecha en el firmamento.
Unos tenues rayos de sol pelean contra la bruma.
Reclaman su derecho a la mañana.

Las primeras horas son blancas.
Una bruma transparente

La bruma de otoño atrapa mi mirada,
juega con mi alma sensible.

La bruma de otoño gris y blanca.
Las hojas caen.

Atractivo otoño, cierra el verano,
abre el telón al frío venidero

Atractivo otoño, estación de estaciones,
apasionada y misteriosa.

El otoño recorre los corazones,
la niebla brinda al ojo humano nuevos horizontes.
Horizontes distintos,
horizontes cerrados, blancos.
Horizontes fríos y humanos

La lluvia moja el suelo con su frescor y recuerda la vida

El viento se lleva los pensamientos.
Ya se llevó los míos, hace tiempo.

La bruma de otoño gris y blanca.
Las hojas caen.
Otoño atrapa mi mirada.


martes, 5 de febrero de 2013

Eran poesía

Es tarde. El cielo oscuro es lienzo para un nuevo cuadro. El sol ya ha desaparecido en el horizonte y las montañas recortan su silueta contra el fondo ligeramente anaranjado que ha dejado el atardecer. La ciudad es noche y es ahora cuando despiertan los amores, cuando renacen los homicidios y cuando las copas se entrechocan cargadas de licor en los bares de la gran metrópoli.
El poeta se metamorfosea con su estudio, todo lleno de papeles con estrofas sin terminar y versos sueltos. Las sombras se alargan para esconderse en los armarios y unos versos desafortunados son arrastrados por la corriente.

Eran poesía. Ahora los versos olvidados caen al abismo negro en el que descansan todas las palabras nunca dichas, los secretos no contados y los amores jamás confesados. Los versos olvidados se extinguen en las mentes y desaparecen de las memorias para encontrar su camino a través de las conversaciones mediocres y los comentarios mordaces. ¡Qué cruel precipicio es el olvido, que condena a todo a vivir en la nada! ¡Qué terrible ciénaga! Hoy han muerto siete versos, y mañana ¿Cuántos más morirán? ¿Diez? ¿Veinte? Esos son suficientes para crear una bella poesía. El poeta no es consciente, no los vio irse. Los estuvo pensando durante varios días. Sin embargo, sólo ha hecho falta un aliento para arrojarlos al olvido. Eran poesía.