Páginas

domingo, 7 de julio de 2013

Brillo

En el silencio de la calzada las sombras se alargan.
Los últimos destellos rojizos del horizonte se reflejan en el cuchillo virgen mientras se acerca la noche acechadora
Varias horas más tarde, la vida desaparecerá de los ojos del alma desafortunada.

sábado, 30 de marzo de 2013

El arte y cómo evitar ser necio.


Hace unos días me cuestionaba en gran medida, al salir del museo, lo que muchas personas, alardeando de ser inteligentes y expertas en arte, se dedican a hacer en momentos en los que se postra ante ellos el trabajo de un artista, y es por ello que hoy dedico un tiempo a la expresión de mi opinión del arte.

Me sorprendí (o mejor dicho, me lamenté) cuando alguien con quien hablé sacó el tema del arte moderno, y ¡Oh, qué disparates! Nadie puede imaginarse lo muy desacertados que eran sus comentarios sobre lo que le conté que había tenido la fortuna de ver en el museo. Para muchas personas, el arte únicamente puede ser descrita en una palabra como belleza o como coherencia o, incluso, en los casos más extremos, hay quien tiene la osadía de referirse a la obra artística como una entidad creada para deleitar al público, quien debe comprender la finalidad de la obra o lo que su creador pretende representar. Ésto, señores, es la mayor metedura de pata, ¡El error más mayúsculo! con el que se puede irritar al artista.

 De todas maneras, actualmente estamos logrando un paso importante en la evolución del arte, al que yo calificaría como "diversificación artística". Hay tantas sociedades, tantas culturas, que, en las últimas décadas, el número de corrientes artísticas existentes se ha disparado y los géneros, las formas y los estilos han cambiado mucho, dando lugar a nuevas maneras de asimilar la vida real. Es por ésto que cerrarnos al arte que es diferente es la más necia y primitiva conducta por la que podríamos optar. 

Sin embargo, aún hay gente que intenta encontrarle el sentido a las obras de arte, hay gente que todavía critica de manera dura y ácida lo que no entiende o que trata de loco o drogadicto (he visto casos) al que crea arte que no se ciñe a los estándares artísticos ¡del siglo XVIII! 

Pongamos el claro ejemplo de la persona que se pasea por los museos de arte contemporáneo y que se pone delante de un cuadro de Pollock, y se burla de su incomprensible discordia únicamente diciendo, sin ánimos de criticar de manera constructiva:  "-Yo podría haberlo hecho-"

Es por ésto que el arte no puede compararse ni asociarse con las bárbaras palabras  belleza, coherencia lógica, y es únicamente sinónimo de libertad.





lunes, 25 de marzo de 2013

El seductor incomprendido.

Era tan delicadamente apuesto, tan hermoso y tan seductor, que le prohibieron asistir bailes porque las doncellas con las que bailaba se derretían y acababan convertidas en una masa viscosa y desagradable.

domingo, 10 de marzo de 2013

Preludio de la campiña.

Huele a lluvia y a leña. A tarde y a gris. Las gotas diminutas de agua salpican sobre el tejado de piedra, acariciando su centenario musgo. No se mueve ni el aliento, ni las flores en la hierba. Todo el sonido, poco,  viene de la campiña, la campiña inglesa.
Algún que otro pensamiento cae en un charco y me salpica de susurros, pero de resto, todo es serenidad plena. El color del aire es triste y desconsolado, en el pequeño pueblo el silencio es llovizna y la llovizna son pequeños recuerdos caídos del cielo.
Las hojas húmedas se acarician de lluvia en silencio, alimentando su verde estigma. Todo lo que nadie tuvo la bondad de decir cae entre estas silenciosas gotas.
Miro al horizonte negro de nubes, y mi solitario deseo se ve cumplido.
A la vez que escribo, pido disculpas, ante el lector, por este incomprensible delirio.

sábado, 9 de marzo de 2013

Preludio de la noche estrellada.

El susurro de la noche estrellada trae recuerdos lejanos en una imagen vibrante de miles de ojos de plata que me intentan cautivar.
Sin embargo, únicamente son dos ojos, y no de plata, los que lo logran.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Piano

En la oscura sala de gris y negro, el polvo que habita en el aire se posa sobre el viejo mobiliario en un constante letargo invernal.
Todas las ventanas estás cerradas, excepto una de ellas, que deja entrar la luz de la luna sobre el suelo del umbrío cuarto.

El piano permanece ahí, viejo, antiguo, gastado y desafinado. Con su único recuerdo de soberana gloria en tiempos pasados y de las hermosas piezas que acariciaron sus blancas teclas,ahora de color mate por los años de abandono.

Hay quien dice que, en las más oscuras horas, aún puede oírse aquella melodía...

viernes, 1 de marzo de 2013

miércoles, 13 de febrero de 2013

Toscana

El estío cae abrasador sobre los campos sembrados, aplastando todo pensamiento con su imagen adormecedora. El cuadro es quietud, nada se mueve, todos los seres se refugian del calor bajo las sombras de algún que otro porche oportuno. El silencio de los patios empedrados es únicamente alterado por el pausado sonido de una fuente pequeña. En los mudos olivares suenan las cigarras brillantes bajo este día de sol.

Las casas de piedra están cubiertas de enredaderas floridas. La pintura de color verde oscuro de los postigos está desconchada, dejando ver resquicios de el color viejo de la madera. En el porche, ahora no hay ninguna anciana, la mecedora está inmóvil.

En la colina que hay cerca del pueblo hay un mirador. Un valiente está sentado en un banco de piedra protegido del sol por la sombra de las hojas oscuras del árbol que crece por encima de él. Tiene el rostro ligeramente tostado y los ojos entrecerrados con una manzana en la mano sin terminar. Se limpia el sudor de la frente con un pañuelo y vuelve a sumergirse en su siesta pasiva.

A lo lejos, en el silencio del mediodía, se puede escuchar el sonido emitido por los platos sucios y vacíos, con la gran musicalidad de personas llenas de comida que se entregan al calor del verano para descansar.

Los campos sembrados son silencio estival.

domingo, 10 de febrero de 2013

Vidrio roto.

Se estaba mirando al espejo cuando, por accidente, se cortó con su reflejo.

Otoño atrapa mi mirada.

Una bruma casi transparente cubre y recubre el paisaje.
Los violines acompañan esta ocasión

Los árboles se emborronan con la tinta de otoño
en el lienzo del espectáculo blanquecino.

El cielo está todo cubierto
con nubes tan blancas y omnipotentes.

A lo lejos, una brecha en el firmamento.
Unos tenues rayos de sol pelean contra la bruma.
Reclaman su derecho a la mañana.

Las primeras horas son blancas.
Una bruma transparente

La bruma de otoño atrapa mi mirada,
juega con mi alma sensible.

La bruma de otoño gris y blanca.
Las hojas caen.

Atractivo otoño, cierra el verano,
abre el telón al frío venidero

Atractivo otoño, estación de estaciones,
apasionada y misteriosa.

El otoño recorre los corazones,
la niebla brinda al ojo humano nuevos horizontes.
Horizontes distintos,
horizontes cerrados, blancos.
Horizontes fríos y humanos

La lluvia moja el suelo con su frescor y recuerda la vida

El viento se lleva los pensamientos.
Ya se llevó los míos, hace tiempo.

La bruma de otoño gris y blanca.
Las hojas caen.
Otoño atrapa mi mirada.


martes, 5 de febrero de 2013

Eran poesía

Es tarde. El cielo oscuro es lienzo para un nuevo cuadro. El sol ya ha desaparecido en el horizonte y las montañas recortan su silueta contra el fondo ligeramente anaranjado que ha dejado el atardecer. La ciudad es noche y es ahora cuando despiertan los amores, cuando renacen los homicidios y cuando las copas se entrechocan cargadas de licor en los bares de la gran metrópoli.
El poeta se metamorfosea con su estudio, todo lleno de papeles con estrofas sin terminar y versos sueltos. Las sombras se alargan para esconderse en los armarios y unos versos desafortunados son arrastrados por la corriente.

Eran poesía. Ahora los versos olvidados caen al abismo negro en el que descansan todas las palabras nunca dichas, los secretos no contados y los amores jamás confesados. Los versos olvidados se extinguen en las mentes y desaparecen de las memorias para encontrar su camino a través de las conversaciones mediocres y los comentarios mordaces. ¡Qué cruel precipicio es el olvido, que condena a todo a vivir en la nada! ¡Qué terrible ciénaga! Hoy han muerto siete versos, y mañana ¿Cuántos más morirán? ¿Diez? ¿Veinte? Esos son suficientes para crear una bella poesía. El poeta no es consciente, no los vio irse. Los estuvo pensando durante varios días. Sin embargo, sólo ha hecho falta un aliento para arrojarlos al olvido. Eran poesía.

domingo, 27 de enero de 2013

Reflexión

Solo a veces se atreven algunos a abstraerse de su vida rutinaria, para enfrentarse al propio pensamiento, para caminar por el extenso y enrevesado laberinto que es el cerebro. Pocas veces queremos prescindir de lo material para apreciar lo que verdaderamente importa.
Pocas veces permitimos que hable nuestra conciencia, para pararnos a pensar un poco.
Casi nunca podemos escuchar, escuchar a otros, eso ya es casi una fantasía.
Lo peor es que con tanto ruido a nuestro alrededor no somos capaces de escucharnos ni a nosotros mismos.

La maldición de la isla.

Las olas rompen con fuerza contra las piedras, la espuma resbala entre los percebes. La lluvia cae formando charcos de agua negra que se mezcla el barro oscuro del suelo. Los truenos aúllan sobre las aguas turbulentas en mitad de la noche. La marea agitada choca contra la isla. El mar está furioso.

Un faro apenas ilumina con su débil foco a través de la niebla de color negro. El terror es arrastrado por las olas hasta los acantilados. Trepa el horror por la pared rocosa, se extiende por la maleza y se mezcla con la niebla. El viento teme, el miedo estremece la isla.
La luz del faro se apaga para no volver a encenderse, pues ahora es la oscuridad la que domina.

De las olas renacen, centenarios, los mil horrores y maldades. Del frondoso bosque se levanta el antiguo miedo. Un escalofrío recorre la isla de un extremo a otro. Cada hectárea maldita se oscurece bajo la niebla gris.

La muerte se agita entre los renglones. El hombre , apenas iluminado por una vela, escribe aprisa. El miedo tiembla entre las letras. La muerte baila en los atemorizados ojos del anciano.
La puerta de la caseta se abre repentinamente y el viejecito se da la vuelta, horrorizado. Una voz antigua le habla con fiereza.
El hombre, muerto de terror, ya sin fuerzas para gritar, con expresión de miedo, despide su postrer aliento, que queda en el aire de la noche maldita durante unos breves segundos.

Esta noche maldita, las olas golpean con fuerza las rocas. La espuma resbala entre los percebes. El horror de la isla ya nunca será olvidado.

El incendio

Las campanas sonaron entre las ruinas del antiguo campanario, 
pues los mecanismos aún funcionaban. ¿Quién las hizo sonar?
Nadie jamás lo supo, pero aquella tarde algo cambió.
Algo cambió para siempre. Las almas inocentes prendieron fuego.

La revolución comenzó. Comenzó en las calles empedradas.
Era algo de esperar. La revolución se inició.
Las campanas sonaban, las almas inocentes ardían.

Los líderes al fin temieron, las campanas resonaron con fuerza.
La revolución estaba en las calles empedradas con antorchas, palos y lanzas.


Kreutzer- Una corta anécdota.

No había público. Eran solamente ellos dos, en la noche, tocando una hermosa pieza.
De vez en cuando se miraban, pero no demasiado, pues podría distraerles.
Ella posaba sus dedos sobre el piano con dulzura, y él manipulaba el arco casi con furia.
La sonata era larga, cierto, pero podría ser eterna y nunca acabar, porque lo disfrutaban de una manera increíble.

Llegó el final, las últimas notas aún estaban vibrando en el aire nocturno, cuando, de manera espontánea, sus labios se conocieron. Él todavía tenía el violín en la mano, y ella aún no había despegado sus suaves dedos de las teclas. Ya he dicho que no había público, pero se podía sentir el mundo temblando a su alrededor. Miles de aplausos. Sus almas se entrelazaron con una fuerza irrompible, todo se redujo a ese intenso beso. El tiempo dejó de ser tiempo durante esos segundos de satisfacción. La historia nunca conoció un beso tan apasionado y profundo como aquel del violinista con la pianista.


El bosque.


Los árboles se estremecen, 
las hojas susurran

Una sombra asoma en el arroyo, 
un escalofrío recorre el bosque

Un presagio tiembla entre la maleza,
el temor quema la hierba.

Las últimas luces del atardecer,
luces ya no son.

Una sombra asoma entre la maleza,
un miedo recorre el bosque