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domingo, 27 de enero de 2013

La maldición de la isla.

Las olas rompen con fuerza contra las piedras, la espuma resbala entre los percebes. La lluvia cae formando charcos de agua negra que se mezcla el barro oscuro del suelo. Los truenos aúllan sobre las aguas turbulentas en mitad de la noche. La marea agitada choca contra la isla. El mar está furioso.

Un faro apenas ilumina con su débil foco a través de la niebla de color negro. El terror es arrastrado por las olas hasta los acantilados. Trepa el horror por la pared rocosa, se extiende por la maleza y se mezcla con la niebla. El viento teme, el miedo estremece la isla.
La luz del faro se apaga para no volver a encenderse, pues ahora es la oscuridad la que domina.

De las olas renacen, centenarios, los mil horrores y maldades. Del frondoso bosque se levanta el antiguo miedo. Un escalofrío recorre la isla de un extremo a otro. Cada hectárea maldita se oscurece bajo la niebla gris.

La muerte se agita entre los renglones. El hombre , apenas iluminado por una vela, escribe aprisa. El miedo tiembla entre las letras. La muerte baila en los atemorizados ojos del anciano.
La puerta de la caseta se abre repentinamente y el viejecito se da la vuelta, horrorizado. Una voz antigua le habla con fiereza.
El hombre, muerto de terror, ya sin fuerzas para gritar, con expresión de miedo, despide su postrer aliento, que queda en el aire de la noche maldita durante unos breves segundos.

Esta noche maldita, las olas golpean con fuerza las rocas. La espuma resbala entre los percebes. El horror de la isla ya nunca será olvidado.

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