En la oscura sala de gris y negro, el polvo que habita en el aire se posa sobre el viejo mobiliario en un constante letargo invernal.
Todas las ventanas estás cerradas, excepto una de ellas, que deja entrar la luz de la luna sobre el suelo del umbrío cuarto.
El piano permanece ahí, viejo, antiguo, gastado y desafinado. Con su único recuerdo de soberana gloria en tiempos pasados y de las hermosas piezas que acariciaron sus blancas teclas,ahora de color mate por los años de abandono.
Hay quien dice que, en las más oscuras horas, aún puede oírse aquella melodía...
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